DIARIO EL COMERCIO
Sábado, 18 de Junio de 2005
ORIENTE
LAS OPINIONES DE LA COMARCA
¿QUÉ PASA CON EL GOLF DE LLANES?
JOSÉ ALBERTO CONCHA CONZÁLEZ
A los numerosos atractivos del Concejo de Llanes se ha sumado en los últimos años el Campo Municipal de Golf. Como bien dice su slogan "probablemente uno de los campos de golf más bonitos del mundo". Puede que suene exagerado pero, cualquiera que conozca el paraje, no dejará de reconocer una buena parte de verdad en la afirmación. En efecto, desde el balcón natural de la sierra plana de Cue y Andrín –tanto monta, monta tanto- el concejo de Llanes se muestra en todo su esplendor. De frente, a los pies, la mar: la bocana de Llanes, los escarpados castros y, los días en que el viento sur juega a acercar las cosas, hasta el grisáceo saliente de cabo Mayor. En dirección opuesta –"colgadín del cielo"- Lastres. A la espalda, salpicado de pequeños bosques y caseríos, el Valle de Mijares recostado contra los contrafuertes de la muralla de Viango, y más allá, el reino encantado del Cuera.
La idea de construir un campo de golf en este entorno la debemos a la visión de los llaniscos Antonio Mijares y Paco Patiño quienes, al modo de los grandes genios, supieron anticiparse a su tiempo. Soñaban –cuando subían a dar las primeras bolas, buscando los rudimentarios greenes de arena desde imaginarias calles- con la realidad que hoy disfrutamos y que constituye un equipamiento deportivo y turístico de primer orden. Y es que Antonio y Paco –y el grupo de pioneros que contagiados por su entusiasmo se formó- no se limitaron a soñar sino que se pusieron manos a la obra. Y así nació el Club La Cuesta al que debemos el privilegio del golf en Llanes.
Privilegio por la manera en que garantiza la accesibilidad de los ciudadanos a este deporte. No hay sitio donde sea más barato jugar al golf, donde sea más fácil y económico iniciarse y, en su caso, competir en las pruebas oficiales . Privilegio por el magnífico aspecto de sus tees, calles y greenes. Privilegio porque, ajenos a heladas y calores extremos y con un eficaz sistema de drenaje, es posible jugar todo el año.
Privilegio porque todos los privilegios anteriores no sólo no cuestan un céntimo a los contribuyentes sino que incrementan las arcas municipales con la satisfacción de un canon. Es cierto que el Club recibió –como no podía ser de otra manera- subvenciones y ayudas públicas para la consecución de sus fines. Pero, en todo caso, las aportaciones de las administraciones, tanto en los costes de construcción como de funcionamiento, distan mucho –gracias a la ejemplar gestión del club llanisco- de las habituales en los campos municipales de toda España.
Sorprendentemente, el gobierno socialista municipal, aplicando el rodillo de su mayoría absoluta, con toda la oposición en contra y sin talante que valga, está empeñado en expulsar al club del campo y gestionarlo directamente. Ni siquiera el espantoso ridículo del fallido concurso que sólo ha servido para que una empresa catalana se embolse casi treinta mil euros de los llaniscos a cambio de un pliego inservible al que no le faltan despropósitos y que no presentaron a tiempo, hecho que a la postre sería irrelevante ya que el concurso quedó finalmente desierto por falta de solicitudes, ha hecho reflexionar a nuestros gobernantes sobre una decisión absurda en lo político, gravosa en lo económico y perjudicial en lo social. Una actuación que, habida cuenta de su dudosa legalidad –no se pueden pisotear los derechos de dos mil socios, aunque eso es algo que tendrán que dilucidar los tribunales- puede llevar a nuestro Ayuntamiento a un fangal jurídico (para lo que el Gobierno socialista municipal ha demostrado una habilidad especial).
Absurda en lo político porque una regla de oro del arte del bien gobernar es no tocar aquello que funciona. Y es innegable que la fórmula de Llanes –pioneros del golf municipal en España- funciona. No tocar lo que marcha permite centrarse en los que no va. A poco que nuestros ediles se pongan a ello seguro que encuentran prioridades para destinar sus esfuerzos.
Gravosa en lo económico porque la gestión directa del golf por parte del Ayuntamiento –la ignorancia sobre aspectos técnicos y deportivos de los "asesores" municipales sólo tiene parangón con su atrevimiento –acabará costándonos un montón de dinero (de momento unos miles de euros en la redacción del pliego de condiciones). Y eso si a la larga –o a la corta- no acaban con el campo.
Antisocial porque supone finiquitar una fórmula que ha puesto un deporte tradicionalmente reservado a las élites al alcance de todos los llaniscos. No deja de tener su gracia el que se haya intentado convencer a los vecinos de que la concesión a una empresa privada funcionando en régimen de monopolio sería más “social” que la de un club sin ánimo de lucro.
La decisión de dar la patada es tan absurda y la voluntad de llevarla a cabo tan firme –haciendo oídos sordos a las propuestas del Club y a la lección que supuso el fracaso del concurso-como peregrinos los argumentos con los que pretenden justificar el expolio. Entre ellos destaca la supuesta ilegalidad del status actual. "Intervenimos en el campo de golf porque estamos obligados, ya que su concesión actual es ilegal". Hecho aparte de que la decisión sobre la legalidad de una acto administrativo –que por cierto no fue recurrido por nadie- corresponde a los tribunales y que existe un informe jurídico de la Universidad de Oviedo que sostiene la legalidad de la concesión, lo más simpático en que los socialistas de Llanes acusan a los socialistas de Llanes, esto es, a sí mismos, de haber cometido una ilegalidad, pues fueron ellos los artífices del convenio.
Que el gobierno del Ayuntamiento de Llanes se empeñe en meternos en este berenjenal da mucho que pensar. La cosa no tiene pies ni cabeza a no ser que haya gato encerrado. Alguna razón inconfesable y oscura que arrojaría luz sobre una decisión que de otra manera parece irracional. No conviene, sin embargo, perderse en elucubraciones. El Club de Golf representa a la sociedad civil enfrentada al poder político. Un enfrentamiento que conforma la historia de los pueblos y que no es otra cosa que la lucha por la libertad. No la que conceden las constituciones con grandilocuentes expresiones, sino la auténtica libertad, la que se gana día a día, nunca sin sacrificios, renuncias y esfuerzos. La pregunta es: ¿permaneceremos los llaniscos impasibles ante el atropello y expolio de nuestro club de golf? ¿consentiremos el ultraje?
José Alberto Concha
Es vecino de Llanes
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